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Seguro que has oído hablar de las calderas y ya no sabes qué pensar de ellas desde el punto de vista ecológico. Quieres hacer una elección responsable con el planeta y te entendemos perfectamente. Así que antes de comprar una, es mejor estar correctamente informado. Hay varios tipos de calderas. Pueden funcionar con gas, madera, petróleo o electricidad. Por supuesto, es el combustible el que tendrá un impacto en las emisiones de carbono y no la caldera en sí. Entonces, entre gas, madera, electricidad o petróleo, ¿a qué combustible recurrir para tu caldera? Esto es lo que veremos en detalle en este artículo.
La caldera de leña

La caldera de leña no se usa mucho en nuestro país, y esto se debe a que su uso no es necesariamente sencillo. Además, al funcionar con madera, requiere un gran espacio de almacenamiento y una reposición periódica. Durante su funcionamiento, su impacto en el medio ambiente es bastante bajo debido a que la caldera de leña emite poco CO2. No obstante, si optas por calentar con leña, te aconsejamos que recurras a una estufa de leña, una estufa de pellets o un insertable de leña.
La caldera de gasoil

El fuel oil es un combustible derivado directamente del petróleo. Esto lo convierte en uno de los combustibles más contaminantes para los sistemas de calefacción. Este tipo de calderas se suelen instalar en lugares donde no llega el gas o se consume mucho combustible como pueden ser comercios de la hostelería donde necesitan una buena demanda de energía.
La caldera eléctrica

Segunda caldera estudiada en nuestro artículo: la caldera eléctrica. Mucho más barata de comprar que una caldera de gas, muchos hogares de bajo presupuesto han recurrido a las calderas eléctricas, pensando que están obteniendo una buena oferta. Y muchos se han arrepentido. Como solemos recordar en este blog, al comprar un sistema de calefacción, se debe tener en cuenta el costo total del dispositivo. Es decir, no te fijes solo en el precio de compra, sino que también tengas en cuenta el coste de funcionamiento. ¡Y a la larga la caldera eléctrica te saldrá cara! Consume mucha energía y, por lo tanto, el impacto ecológico de su uso a largo plazo claramente no es bueno. Por lo tanto, te recomendamos que no recurras a una caldera eléctrica porque te costará mucha energía.
La caldera de gas
La caldera de gas es la más popular de todas y ocupa cada vez más espacio en el parque de calefacción de nuestro país. ¿El gas contribuye al aumento del efecto invernadero? ¡La respuesta es sí! Pero no os asustéis, la caldera de gas no es mala alumna por todo eso, porque hay varios tipos de gas, algunos de los cuales contaminan menos, como los gases verdes. Y también porque algunos modelos de calderas tienen la particularidad de consumir menos gas que las calderas tradicionales. Por lo tanto, te recomendamos que no compres una de las llamadas calderas clásicas, incluso si el precio de compra es mucho más atractivo. Te aconsejamos que recurras a una de estas 2 calderas:
– La caldera de gas de baja temperatura. Funciona con una temperatura del agua más baja que una caldera tradicional (50°C frente a 90°C), lo que le permite utilizar mucho menos gas para la misma calidad de calefacción.
– La caldera de gas de condensación. Utiliza el vapor de agua procedente de la combustión del gas para calentar el retorno del circuito de agua. De este modo, el gas se utiliza en cierto modo dos veces, y la caldera de gas de condensación alcanza rendimientos récord de hasta el 110 %. Así consumirá menos gas que una caldera tradicional, y por tanto será más ecológica.
Revisión de los diferentes tipos de calderas
La valoración de este artículo es bastante clara y sin apelación. Si quieres optar por una calefacción respetuosa con el medio ambiente, es mejor recurrir a una caldera de gas de alto rendimiento como una caldera de gas de baja temperatura o una caldera de gas de condensación. La ventaja no se limitará al bajo impacto ecológico de tu dispositivo, sino que es tu cartera la que te lo agradecerá. De hecho, consumir menos gas significa que tus facturas de gas serán más bajas. Cuando sabes que una caldera de gas, con el mantenimiento adecuado, puede durar más de 15 años, unas pocas decenas de euros ahorrados cada mes tendrán un impacto real en tu presupuesto.


